Consejos prácticos

Tratamiento químico y conservación del agua de las piscinas

By 8 noviembre, 2017 No Comments

El agua de la piscina debe ser tratada químicamente para que pueda ser utilizada sin el riesgo de contraer algún tipo de enfermedad debido a las bacterias asociadas a los usuarios de la piscina y a ciertas bacterias acuáticas y amebas que pueden desarrollarse en el medio acuático. También la apariencia que presenta el agua, como la cristalinidad depende de un tratamiento químico adecuado.

Balance del agua

Cuando el agua que es utilizada para llenar la piscina es tomada del sistema de la ciudad, muchas veces ésta ya está balanceada. El agua balanceada es aquella que tiene el pH apropiado (ni es ácida ni básica). Así mismo tiene la alcalinidad total correcta (cantidad de bicarbonatos, carbonatos e hidróxidos).

Cuando se utiliza agua de pozo ésta generalmente está fuera de balance, pero puede ser balanceada ajustando los parámetros adecuados. Lo mismo puede suceder en casos del agua de lluvia.

Alcalinidad total

Ésta indica la cantidad de material alcalino disuelto en el agua de la piscina (carbonatos, bicarbonatos e hidróxidos). La alcalinidad es comúnmente alta cuando se usa agua de pozo no tratada. La alcalinidad está ligada directamente al pH actuando como un imán de manera que si la alcalinidad es muy alta, el pH tenderá a subir constantemente. Lo opuesto sucederá si la alcalinidad es muy baja. Una alcalinidad muy alta produce turbiedad en el agua, incrementos en el pH, incrustaciones y coloraciones inaceptables. Una alcalinidad baja produce irritación en los ojos, reducciones en el pH y agua verdosa. La alcalinidad ideal es de 80 a 150 mg/lt (miligramos por litro).

Para conocer la alcalinidad total del agua se puede utilizar un analizador disponible en el mercado. Si no se tiene el analizador a la mano y observa que el pH no se mantiene en el nivel correcto, esto indicaría que la alcalinidad total es incorrecta.

Si después de bajar el pH éste tiende a subir nuevamente debe utilizarse uno de los productos estabilizadores de pH disponibles en el mercado.

Dureza del agua

El grado de dureza del agua está determinado por la concentración de sales de calcio y de magnesio. Una excesiva presencia de estas sales puede provocar depósitos incrustados, dañando la estética de la piscina y todo el sistema de circulación y filtrado del agua.

La dureza se mide en grados franceses, según los tests establecidos para ello. Es determinante, más que la región geográfica de captación, la profundidad a la que se llega; el agua procedente de pozos o de acueductos alimentados por capas freáticas profundas tiene en general un valor de dureza mayor respecto a la proporcionada por fuentes o manantiales de capas más superficiales.

El agua con valores de dureza entre 10 y 15 grados franceses se define como dulce o muy dulce; este tipo de agua tiene características particularmente agresivas y puede provocar corrosión en las instalaciones. Agua con valores de dureza entre 20 y 25 grados franceses se define como dura y muy dura o durísima si muestra valores todavía más altos.

Las aguas muy duras pueden provocar incrustaciones no solo cuando se calientan (la temperatura alta favorece la creación de depósitos) sino también en condiciones normales, sobre todo si se tiene en cuenta que en piscinas no calentadas la evaporación natural del agua favorece la concentración de las sales de calcio y de magnesio.

Potencial hidrógeno (pH)

El pH es el parámetro que indica la concentración de iones de hidrógeno disueltos en el agua. La escala de los valores del pH va desde 0 a 14, y con el pH 7 se indica la neutralidad.

Los valores inferiores a pH 7 identifican elementos ácidos, valores superiores definen elementos alcalinos (llamados comúnmente básicos). El valor de pH óptimo para el agua de una piscina está comprendido entre 7,2 y 7,6, y tiene que mantenerse utilizando los químicos oportunos.

Corrección del pH

Sin duda alguna, el cloro ejerce una fuerte oxidación del agua, destruyendo toda materia orgánica que encuentre en suspensión o flotando, pero no garantiza el equilibrio del pH, que debería estar siempre entre los mencionados límites de 7,2 a 7,6. Debe adherirse ácido, cuando el pH es muy alto, o agregar un poco de álcali en el caso contrario.

Factores que alteran el pH del agua:

  • La naturaleza química del agua que es utilizada para el llenado.
  • Los productos químicos que se dosifican en exceso en el agua de la piscina, tales como el cloro, etc.
  • Las partículas que son introducidas a través del aire, o por medio del sudor de los propios bañistas.

Un pH demasiado bajo producirá:

  • Corrosión en los metales de los accesorios de la piscina.
  • Irritación en los ojos, oídos, nariz y garganta de los bañistas.

Un pH demasiado alto provocará:

  • Turbidez en el agua.
  • Formación de escamas e incrustaciones.
  • Irritación de los ojos, oídos, nariz y garganta de los bañistas.
  • Dificultad de saneamiento, al retardar la acción del cloro encargado de eliminar los microorganismos del agua.

El cloro

El cloro es el agente químico más utilizado para la desinfección del agua de las piscinas. Como es común, el ambiente y los propios bañistas introducen en la piscina una carga orgánica y microorganismos que tiene que controlarse y neutralizarse para garantizar, junto con la seguridad de la salud de los usuarios la de la piscina.

Cloración shock

La cloración shock consiste en añadir en la piscina dosis masivas de cloro en porcentajes diez veces mayores por lo menos respecto a las del amoniaco. Se trata de un tipo de intervención que en general se realiza al inicio de cada estación, para eliminar la carga orgánica que se ha acumulado en la piscina durante los meses de lluvia o inactividad de algunos días en el mantenimiento.

Cuando se llena por primera vez el estanque, este procedimiento es obligatorio. Después de un tratamiento de cloración shock, debe darse un tiempo oportuno hasta que se recuperen los valores ideales de concentración de cloro.

Normalmente es suficiente dejar transcurrir una noche antes de poder bañarse de nuevo, recordando controlar siempre con los kits adecuados de detección del grado de pH del agua y la cantidad de cloro que contiene. En el caso de que se encuentren valores todavía muy altos, pero la acción de desinfección se haya realizado con éxito, se puede reducir el cloro excesivo añadiendo los productos adecuados.

Las algas

Su propagación en el interior de la piscina tiene como medio de transporte el viento o un violento aguacero que lleva las esporas al agua. Producen el enturbiamiento del agua, depósitos y coloraciones que pueden ser verdes o rojas y hacen que las paredes y el fondo de la piscina sean viscosos.

La temperatura, el sol y la exposición pueden favorecer un crecimiento rápido de las algas que acaban constituyendo, como carga orgánica, un óptimo terreno de cultivo para la proliferación de bacterias y hongos.

Por eso, es importante introducir siempre en la piscina, sobre todo en los días de mucho viento y lluvia, un producto específico contra las algas.

Floculación

Este es un procedimiento utilizado para lograr la precipitación de las partículas en suspensión que dan una apariencia de turbidez en el agua. Generalmente las partículas son tan pequeñas que no son retenidas por el sistema de filtrado.

Los pasos a seguir son los siguientes:

  • Subir el nivel de agua lo más alto posible.
  • Elevar el pH hasta 9 utilizando el producto adecuado.
  • Recircular durante 1 hora.
  • Aplicar el producto floculante disponible en el mercado en la dosis recomendada. Este producto debe aplicarse cuando la luz solar ya no esté presente.
  • Recircular durante 1 hora más.
  • Dejar en total reposo el agua durante 12 horas aproximadamente para no entorpecer el asentamiento de las partículas.
  • Aspirar el piso al día siguiente de aplicado el producto floculante para limpiar los sedimentos.

Mantenimiento recomendado

Diario

  • Operar la bomba y el filtro durante el tiempo de recirculación total del agua en horas (generalmente un promedio de 4 horas).
  • Aplicar entre 10 y 20 gramos de cloro por cada 10.000 litros de agua.
  • Retirar hojas y otros materiales.

Semanalmente

  • Revisar dos veces por semana el pH y ajustarlo entre 7,2 y 7,6.
  • Revisar dos veces por semana el nivel de cloro y ajustarlo entre 1 y 2 mg/lt.
  • Una vez por semana cepillar y aspirar el estanque.
  • Una vez por semana limpiar la canastilla del desnatador (skimmer).
  • Limpiar la canastilla de la bomba.

Mensualmente

  • Agregar algún alguicida disponible en el mercado para evitar el agua verdosa y turbia, así como el posible crecimiento de algas.
  • Cambiar el agua de la piscina solamente cuando esto sea absolutamente necesario, pues si se hace forma periódica, el costo de operación será relativamente alto, además de necesitar un tratamiento de shock cada vez que se llene la piscina.